Una llamada del Senescal reune a todos los vampiros de la ciudad en el Eliseo: el Príncipe, tras encargar al grupo la investigación de las desapariciones, ha convocado un concilio en la ciudad para informar a todos los clanes de la situación y solicitar la colaboración de todos.
Sin demora posible, el grupo se encuentra en el Eliseo, que a una hora tan temprana y como excepción, se encuentra abarrotado de vástagos, incluidos los más importantes de la ciudad. Ineri, que no sabe muy bien si acercarse al grupo o no, acaba evitandolo al ver a Laura y a Noa juntas, recordando la animadversión que siente Laura por ella. Sin motivo aparente para los presentes, saca una de sus enciclopedias y empieza a darse de cabezados contra ella. Se interumpe al ver pasar, disimuladamente, al Señor X, su sire, que se aleja disimuladamente de la multitud. Antes de poder preguntarse adónde se dirigia, Drusilla se acerca a ella y la abraza un momento, antes de marcharse tamiben para ocupar su lugar junto a Victor.
Mientras tanto, Ricardo, un polifacético Toreador, se acerca a Christine para invitarla formalmente a la fiesta que va a organizar para la semana siguiente, e incluye al pequeño Louis (más que acostumbrado a este tipo de fiestas) a unirse a ellos.
Al poco rato Marcus entra y se dirige hacia un estrado, desde donde se dirige a la multitud reunida con claridad y contundencia: los dos Caitiff desaparecidos, Carlo y Shelly eran dos trandes videntes que resultaban muy utiles a la comunidad, por lo cual suponen una grave perdida. Un espía Nosferatu no desaparece así por que sí y la desaparición del Primogénito Toreador es un asunto muy grave. Pese al politiqueo y los conflictos de la sociedad vampírica local, es necesario que todos los clanes ayuden en la medida de sus posibilidades en solucionar tan espinoso asunto, a cambio evidentemente de una jugosa recompensa.
Ineri, aún espantada por la reacción de Laura la noche anterior cuando fueron a por el 600, se aleja del grupo mientras se da de cabezazos con una de sus enciclopeidas. El Concilio no le hace ni pizca de gracia debido al aumento de la competencia por la recompensa del Príncipe y decide darse prisa en solucionar el caso antes de que alguien se le adelante.
Cuenta además con la ayuda de Víctor, que no duda en ofrecerle su ayuda económica (transforma unos trozos de papel en billetes de 50€) y cuanta información dispone (como la sospecha de que la Euforia previa a las desapariciones podría estar relacionada con “alguien” en vez de “algo”) para que lo consiga.
Mientras tanto, Noa procura tener su trabajo real al día: las limusinas no se arreglan solas, y aunque Loui pretenda registrarla de arriba abajo, Christine le babee los cristales y Laura se pase la noche evitando que Ineri les destroce el local en pro de la curiosidad Malkavian, Noa no tiene más remedio que perder algunas horas intentando repararla antes de poder unirse al grupo en el registro de la guarida de Shelly.
Así pues, Christine, Loui e Ineri, junto a Neil, investigan el cubículo de la Caitiff, tras un “apretado” encuentro con los Brujah skin de la zona, que no quieren perderse la fiesta. Sin embargo, poco queda por ver, pues parece que la guarida ya ha sido visitada y de forma muy poco decorosa. Pese a todo, el grupo consigue encontrar la agenda de la Caitiff y un rastro de una sustancia desagradable y extraña en el marco de una de las puertas, de la que tanto Neil como Christine toman muestras para averiguar de que se trata. Al inspeccionar la agenda, la visita a la Mansión Malkavian se hace inevitable: Shelly parecía haberse vuelto loca en sus últimas anotaciones, y quizá solo Víctor pudiera descifrar algo.
Y sin embargo la investigación parece no avanzar a la vez que se dispara en un ritmo frenético. Un extraño e impactante sueño sacude a Christine, en una visión poco clara y casi perturbadora: una mujer hipnóticamente atrayente y hermosa en una discoteca desconocida la “llama” y la atrae hasta ella, despertándola súbitamente tras el primer encuentro.
Víctor, madrugador y oportuno como pocos, avisa al grupo para que acudan a la Mansión: tiene información sobre la agenda. Una segunda llamada incomoda a Christine: Bargiel, el primogénito Nosferatu, también tiene información, y parece sinceramente desconcertado cuando Christine le confiesa que tienen una cita previa con Víctor y que ya aparecerán.
El malkavian, sin embargo, no podía ser más claro y conciso: la paranoia creciente de la Caitiff revela una presencia cada vez más cercana de algo no necesariamente malévolo pero que la lleva a encerrarse hasta escribir su último cometario: “Ya están aquí. Por favor que alguien me ayude”, aunque ni él mismo puede llegar a precisar de que puede tratarse.
Tras la reunión, y ante la inminencia de su encuentro con Bargiel, Christine se apresura a concertar una cita a solas con Noa, inventándose una excusa barata para dejar a Loui y a Ineri en su propio piso durante un rato, acudiendo de inmediato a su lado para comentarle la impresión de que, quizá, tendrían una sorpresa en la Guarida de Bargiel y que quizá fuera necesario tener los ojos bien abiertos. Inevitablemente tentada, Ineri no duda en registrar la casa y hacerse con un cuarto de la agenda personal de la Toreador (ya se sabe, los números de teléfono la pierden xD), y no más por que un Ghoul se lo impidió, lo cual interrumpe definitivamente la furtiva reunión entre ellas.
Reunido el grupo de nuevo, como si no hubiera habido tal reunión, acuden a ver al Primogénito Nosferatu, escondido en uno de sus múltiples rincones subterráneos. Bargiel, indignado al parecer con la falta de atención para con su espía, solo quiere comentarles una posible vía de investigación, un detalle que no hizo público en el Concilio: días antes de su desaparición, aparte de la Euforia, su espía había cambiado su zona habitual por una mucho más inusual, las discotecas Toreador.
Y de nuevo, nada parece encajar.
Como quien no quiere la cosa, Ineri les comenta que la noche anterior en el taller de Laura, a ella le había parecido ver “algo” en un rincón, pero Laura no la había dejado acabar de investigar.
Una rápida llamada a Neil les recuerda que la muestra de la sustancia desagradable sigue en el bolso de Christine sin analizar, y Neil aún no tiene resultados concluyentes. Así pues, parece ser que una segunda opinión no les vendrá mal, lo que desencadena una nueva visita a la mansión Malkavian por segunda vez aquella noche, pues probablemente Víctor sea la persona con más acceso a los laboratorios de la ciudad, de cualquiera de sus instituciones médicas.
Drusila, fluctuante como siempre, se cruza con ellos en el pasillo y percibe el olor de la muestra, aunque huye nuevamente tras olerla de más de cerca, de la misma forma que huyó del Tarot, sin aclararle nada al grupo. Víctor, mientras juega con Loui y una legión de duendes, promete investigar la muestra y facilitarles el resultado cuanto antes.
Antes de marcharse, y en privado, Ineri le comenta la indignación del Primogénito Nosferatu ante el posible “vacío” para con su espía.
La noche ha resultado agotadora para todo el grupo, pero nada parece dispuesto a ser como debiera. De vuelta a su taller esperando encontrarse con las protestas de su Sire, Noa no puede evitar desconcertarse ante la inusual alegría de Laura, que aunque no puede borrar la sonrisa de oreja a oreja, afirma no haber ocurrido nada fuera de lo común.
Un nuevo sueño, más vívido, más nítido y más cercano, vuelve a sacudir a Christine, que reencuentra a la presencia de la discoteca esta vez acercándose, hasta encontrarla al otro lado de la ventana, apenas a unos metros de ella, desvaneciéndose de nuevo al intentar establecer contacto. Desconcertada y sumida en una preocupación incapaz de explicar, tira de agenda para averiguar cual es esa discoteca, resuelta a encontrarle un significado aquellos sueños. Para su sorpresa, la discoteca se llama “Pesadilla”, y está en territorio Brujah.
La noche se vuelve caótica y desconcertante a partir de entonces: apenas segundos después, Christine recibe una llamada de uno de los toreadores de la ciudad, “Aaron X”, enterándose de que Ineri anda aprovechando sus contactos para investigar por su cuenta sobre el asunto del Nosferatu errante. Enfurecida con Ineri y hasta cierto punto asustada, acaba acudiendo a Noa para que la acompañe a la “Pesadilla”, pero Neil interrumpe la llamada para informar de que la sustancia era sangre de vástago con alguna otra potinga, aunque aún no ha averiguado el que.
Noa, preocupada por Laura que sigue de un humor extrañamente benigno pero que no parece dispuesta a tomar precauciones de más, accede a acompañarla siempre que esperen a su Sire, que además conoce mejor el terreno.
Ineri, a la que el discurso de Christine ni le va ni le viene y solo piensa en como seguir tirando de agenda sin que se note recibe la visita de Drusila la cual le cuenta sus visones acerca de los dos Caitiff: la tirada de Tarot le reveló a Carlo lo que le estaba a punto de ocurrir, fuera lo que fuera, mientras que la sustancia que encontraron en la guarida de Shelly es algo “malo y perverso”.
Y el inocente de Loui reclama la presencia, una vez más, de la gaviota, que esta vez aparece con su novia cuerva, y que sigue sin noticias: lo único extraño pasó antes de que Amadeo desapareciera, y ni siquiera fue extraño: Gaviota lo vio subir a un gran coche negro la noche de su desaparición.
El grupo se reúne de nuevo en el Taller de Noa, donde tras la llamada de Víctor acaban organizándose para cubrir las dos únicas pistas que de momento están abiertas: la sustancia extraña y los sueños de Christine. Ineri, tras informar sobre la visita de Drusila al grupo, acaba marchándose a la Mansión Malkavian con Loui para acudir a la cita con Víctor, mientras que Christine, junto a Noa y Laura (tan celosa por la presencia de la Toreador como inexplicablemente feliz) acuden al “Pesadilla” para investigar allí.
Muy a pesar de Christine, nada hay en el local que la lleve hasta la presencia con la que soñó: no hay nada extraño aquellos días, nadie conoce a la supuesta chica y no parece haber nada especial en la zona del encuentro. El barman, un ghoul de uno de los skins, no ha oído hablar de ella, aunque comenta la presencia de “gente atrayente” mucho atrás, por la época en la que abrazaron a Noa. Desconcertada, Christine activa Auspex 2 para intentar descubrir algo, por nimio que sea, pero lo único extraño es que allí no hay más vampiros que ellas, en una época en que el negocio parece ir de capa caída… y en que la moda ha cambiado respecto a lo que ella había soñado.
Al salir del local, Christine descubre las llamadas perdidas de Ineri y de Bargiel y decide llamar al segundo: tiene la lista de invitados prometida y, además, información sobre su Sire desaparecida. Ante tal conmoción, olvida llamar a Ineri, que se presenta en el taller a toda prisa ante la inminencia del amanecer con Loui, que por petición de Christine pasará la noche con Noa y Laura, por pura precaución.
Para su sorpresa, no es un sueño lo que despierta a Christine a la noche siguiente, sino la llamada furiosa del Príncipe que siente y hace saber transgredidas sus órdenes. Desconcertada por la velocidad de información del Príncipe y por el motivo de la amonestación, acaba presentándose en el Eliseo con el gangrel para ofrecer explicaciones que no convencen al Príncipe, que insiste en su demanda: Loui debe permanecer bajo su única y exclusiva tutela hasta que Amadeo aparezca. En un intento por complacerle, Christine pone al día al Príncipe sobre la investigación, aunque este tampoco parece muy emocionado por la falta de resultados.
Tras tan traumática reunión, y casi por inercia, Christine y Loui acudieron a la cita con Bargiel, que finalmente les entrega una lista de invitados, por si les pudiera ser de utilidad, mientras informa a la Toreador de que el espía desaparecido cubría, precisamente, la zona de la estación, por lo que la información es imprecisa y parcial. Sin embargo, su Sire sí viajó en ese tren y llegó a la ciudad, subiendo en una limusina negra antes de alejarse de la zona. Y en ese preciso momento, algo ahuyentó a las ratas que desde hace algunas noches evitan la zona…
(Experiencia: 3 puntos.)